Síndrome de Stendhal


Partí el hielo con tu recuerdo.
Te ofrecí ver conmigo la vuelta del Cometa Halley,
pero no alcanzamos a ver ni al poeta.
Los sueños se me empezaron a derretir con el calor de la ciudad
y ahora se me están escurriendo versos de la armadura.
cuando tomo el café por la mañana
temo encontrar en la tasa que tocan mis labios, un: ¿qué tal si?
Y no sé en dónde poner mi corazón.
Quisiera preguntarte, dejando la tostada en el plato,
como van tus cosas desde mi partida,
mientras lees desde el otro lado
de un comedor imaginario,
la copia de un libro con errores de tipeo.
A mí solo empezó a gustarme Benedetti
cuando tuve que apagarte.

Partí el hielo con los dientes.
Tengo bajo la manga
versos inyectados en dolor
que no he querido dejar salir.
Nunca le digas a un ansioso que espere hasta el final,
no sé si sabes la diferencia entre las expresiones:
«tranquilízate» y «tranquilo»
esta consiste en que la primera es para hacerla solo,
la segunda es estando contigo.
Como tuve que hacerla solo,
me desnude frente al espejo implacable
de los que no enamoran,
y lo último que vi, fue
una lagrima de tristeza sobre una sonrisa,
antes de quedarme dormido
entendí que contenías
una historia más grande que yo y
que solo de vez en cuando se cosecha lo que se siembra,
es fundamental que el recolector tenga manos para ello,
yo siempre las tuve para otro oficio.


Partí el hielo con la cabeza.
No pensé que fuera fácil, pero pensé que tenía razón.
Hoy camine bastante
solo por caminar,
estoy cansado pero feliz.
Mi camino, así como los días,
pasaron a tal velocidad
que ya está por finalizar el Tour De Francia,
cuando empezó todo te prometí
la noche de la Torre Eiffel.
El hedonismo es una demonio que viste sexy
y no sé si seguirle el juego.
Parece que lo único seguro que me queda ahora
es descubrir de que novedosas formas acariciar mi gato,
estar pensando en el almuerzo de mañana y
óír las campanas de la iglesia a las Cinco.
De niño creía que el orden natural de las cosas
era que no podía comerse hamburguesas entre semana,
ahora es que me doy cuenta de que
después de las Diez, existe una segunda noche,
una para deshacerme y hacerte.


Partí el hielo con una canción.
Un día te conoceré.
La madrugada disipara nuestra larga espera
y yo besare las nubes de las tres a-m en agradecimiento,
abrazaremos el sol aún muy chico
y le serviremos un desayuno de risas y paseos.
El amor es la mayor manifestación del síndrome de Stendhal
y la enfermedad una condición para una unión indeterminada.
No sé si nuestro encuentro será la luz
tocando las cuerdas del arpa de un Ángel
o más bien oscuro como el fosforo.
Como sea, es inevitable que tenga la virtud
de encender nuestras vidas
y apagar las seguridades
para reconfigurar nuestros acertijos internos,
y construir una civilización

de promesas y riesgos.

Diego A. Sánchez (2016)

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