El Mefisto



No quiero que te asustes con migo,
tengo velos color hierro en mis ojos y mi alma,
que se ven siempre apaciguados después de una lectura,
son inofensivos y solo cantan en clave de descarga,
jamás de ofensiva.

Quizás se delaten en el palpitar de mis deseos
y el crepitar de mis sueños
pero también se dominan en el acontecer de mis actos,
sublimes, como estrellas
se chocan contra todas las brisas de mi historia
y las nostalgias del futuro.

Traigo explicaciones descompuestas
y consuelos anticuados,
pero reservo para mí,
siempre un permiso de expiación.

La indulgencia propia
es el primer acto de redención
y no hay forma de rebatirlo
pues hasta el más Nietzsche odio a su hermana.

Al abrir esta caja de pandora
podrás encontrar miles de excentricidades,
o las conclusiones más villanas de los mundos y sus ideologías,
pero todas ellas han fluido en un claustro de amor al mundo.

Unas son incompatibles, como ceder la libertad
y otras nos unen como especie, como promesa de seguridad.
Me resulta imposible hallar la fuente,
pero hallo nuestros bordes.

En ellos me siento con las piernas hacia adentro
y mojando mis pies en las aguas diáfanas que recicla nuestra cultura
contemplo la bestia y la genialidad petrificada,
encaramada a un tronco porfiado y decidido hasta el fin.

todo prevalece, no me temas jamás.
Una nube de Smog se transforma en una nube de Will Cotton,
y son tus brazos los que aparecen por detrás
para abrazar mí pecho.


Diego A. Sánchez. (2016)

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