Los viriles preceptos descubiertos en el campo de
Higgs
son pregonados a una audiencia en dialecto noetico,
cantadas son las leyes seniles de esta constancia
tántrica,
que de nitidez dejan vislumbrados los ojos del tiempo.
Malditos esos momentos de lucidez extrema
donde flaquea la memoria de aquellos delirios,
estampados en repletas hojas de traviesas letras
que truecan las palabras que el manifiesto reza.
“Oh mundo que toma
por locos nuestros genios psicóticos,
mientras loa a los
neuróticos dueños del discurso,
mundo que aplaude
la perfidia que defeca,
y apuñala la
bienaventuranza al decidir”
Arboles crecen frondosos de semillas transgénicas,
reptiles salen del agua para buscar en las estrellas
las huellas de sus creadores,
que viaje tan largo y prominente por la trocha de la
historia,
que grandes vestigios: piedra, mármol y madera.
Oh, barca de la utopía anclada a la sombra, al pie
de la palmera, sentenciada a las noches y los días
y al salitre que la tragedia cosmopolita engendra,
silencioso plaguicida que extermina caracoles
cuyos caparazones tienen la obertura a la izquierda.
listones de colores decoran la periferia abolida por
el amanecer,
comunas y montañas tupidas de gentes
metidas en recovecos de cal y canto.
En aquellas barriadas los perros callejeros se apean
en días de lluvia
a las puertas de las casas donde les dan de comer.
Las gatas paren sus crías a la sombra de los hechizos
balcones.
los sapos vuelan,
las palomas pican,
los zancudos saltan.
Solo saben cuándo
es la primavera,
porque es una
primavera que venden en los mercados.
mercados que suplen necesidades,
necesidades que sucumben ante el emerger de los
inventos.
Una palabra,
una
persona,
una
promesa,
una idea,
vilipendiada hasta su último extracto.
Cogidas por las manos y colgadas
como vallas sobre grandes autopistas.
como lemas,
como oraciones,
como esperanzas.
Precoces retazos de los sueños a los que ya
renunciaron.
Los axiomas de la nueva sociedad son:
La primera identidad es una referencia parental.
Las excepciones han dado a luz a la corrupción.
El castigo de la constancia es la eventualidad.
Los metódicos de la disciplina han sido sonsacados por
los talentosos.
La duda que impreca el estibar,
marcha al muelle del perecer
y se une a finitos universos sobrepoblados de
estrellas,
la arrogante plenitud de la eternidad
burla las leyes
de la nada,
desprecia el sacrificio del arado.
proyecta la indiferencia ingrávida
que surca las bifurcaciones del universo.
Los niños siguen
reflexionando sobre
el suicidio.
Diego A. Sánchez. 2015
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