Morir



1
Ir por el sendero ajado
observando los siete cielos
que los hombres inventamos.
Allí, apercibir el color de lo transparente
el sabor de tigre de bengala asado,
el canto de la serpiente del edén –La primer rockera–
el punible beso de Helena la de Troya,
el aroma de la nuca de cleopatra,
que en vida, el tiempo y los sentidos nos negaron.

2
Por el sendero ajado
por fin leo el libro después del punto,
y oigo la voz madura
del nonato muerto en mi familia,
que sin experiencia alguna
alcanzo la síntesis,
nos ganó la carrera
hacia los cálices de la verdad
que se solicitan en el bar de la necrópolis.

Diego A. Sánchez. (2015)

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