Canción para el parqués



Yo no quería estar loco
pero ya estaba loco
aguardando los vientos de agosto
tejiendo todos los meses anteriores
una cometa roja con verde.
Pisando las rayas del pavimento
en juego compulsivo y anodino
mientras los amaneceres llovían
y los atardeceres escampaban.
No aposte metras ni tasos,
se me quedaron los bolsillos llenos de esas baratijas
y vacíos de amigos.
Así empecé a comprender mis días.
Vividos en otros, pero recordados entre mis huesos,
y pasados como cintas bajo mis parpados.
Entre tantas caricias de las páginas en mis yemas

comprendí que el arte recrea muy bien lo que el cuerpo no encarna
y nos vuelve casi infinitos.

Creí perder la razón
dando aceptación a principios del renacimiento,
pues el mundo me rodeaba
y solo había mundo hacia donde volteara la vista,
nunca en otra dirección,
cada escena se correspondía con la anterior, entonces
¿Cómo no creer que el mundo era uno solo y que lo podía aprehender
Siempre al alcance de la perfección y la purificación?
Solo fueron correrías de niños
pues la nubilidad dio sus zarpazos sobre las creencias,
y las creencias se fueron al traste
cuando halle otras superiores
y en los otros, más fuertes,
ya nada podía valer tanto a como lo vendían.
La ganancia es una obligación.
Ahora, entonces, otros estaban literalmente
en un mundo que yo no veía.
por más que virase mi cabeza,
ya nada se correspondía con nada.

Caminaba a tientas en un habitad novedoso y verde
donde tomaba lo que me servía,
lo demás lo cubría de resignación e impotencia.
La claraboya de este cielo es tan grande
que ni siquiera mis luminosos diez dedos
pueden taparla,
y por allí empezaron a entrar todos los colores
que no había creído que existieran,
y entraron no solo para posarse a la contemplación
de los apolíneos,
sino para verlos colorear los rostros de los que estaban muy cerca de mi
y para empezar a colorearme la sangre y romperme las venas,
hasta asimilar el paisaje.
yo no quería estar loco,
pero ya estaba loco.

Diego A. Sánchez (2016)

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