A Chihiro, a Bohemia, a los ocho millones de dioses
Que miran a través de mis ojos, a Soka, al miércoles, al
rock.
¿Viernes otra vez?
Me veo sometido a
enfrentarme con migo mismo.
El espaldar de madera,
la mesa de plástico,
las patas de metal.
casetes y
servilletas.
El estéreo,
bandas locales.
Nuestro cuerpo huele
a cantina
a diferencia del
local
que huele a esencias.
Se siente la vida
como
dentro de un vagón
cuyos rieles se
extienden
a metro y medio bajo
el nivel del mar,
como si ocho millones
de dioses
entraran y salieran
durante el día
por las rejas y
nuestras mentes.
Una bahía por cada
minuto,
la disminución de la
percepción
por cada cinco.
El mundo que vemos
quiere volar
pero sigue atado a
nuestro pudor,
este desaparece en la
medida
en que se beben las
horas.
Decide: Sé Luna o
Rio,
para definir mí
genero
y entender de qué
manera
inmolo mi vida por
ti,
aunque siempre seas
tú quien termine muriendo.
No me debo preocupar
si decido sucumbir al vicio,
este recinto cuenta
con la virtud
de un lugar
para dejar mi
motocicleta por una noche.
Y así la ecuación
vicio-virtud
se anulan igualando
al cero.
Decisión unánime.
aunque nos conocemos
y sabemos lo que
queremos,
nuestra preocupación
es el futuro.
¿Lunes otra vez?
Me dispongo a matarme
con las distracciones.
Metáfora de la vida:
Comemos uvas e irritan la garganta.
De esta manera es
como comprendemos
que los días son
potentes
pero menudos.
La actividad poética
lejos de ser
una especialización
del trabajo
es un hobby.
Lo digo porque entre honestidad
y realidad
debe estar la
sensatez,
pero mientras se sube
esta campana de Gauss
no habremos de
preocuparnos por ello.
Miércoles otra vez,
hasta el miércoles
que empieza el declive.
siempre, cada tarde
de miércoles,
me acompañan Borges y
Sábato,
en una cafetería con
piso de ajedrez,
en el centro de la
ciudad,
ante una mesa con dos
copitas de postres vacíos
y una panorámica
frente a mi conciencia,
por ella ruedan
Renoles, Chevrolets y Zuzukis,
por ella corren pares
de pies,
algunos lustrados,
algunos torpes,
pero siempre rápidos
para llegar al
encuentro
o para evitar el
encuentro,
siempre en búsqueda o
siempre huyendo,
tal es nuestra
naturaleza,
tales cosas se ven a
la mitad de la travesía,
allende o aquende,
en el ombligo de la
semana,
en mi panóptico del mundo.
Diego A. Sánchez. (2016)
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