El día que todos mis poemas se mojaron



Saboreo aun la desidia
de aquella novedosa noche húmeda,
donde el cielo gimió
y purgo sus culpas.
Como pañuelo
agarró mis poemas,
y los pasó por sus ojos, uno por uno
para que absorbieran sus lágrimas de verdad,
estancadas en anaqueles de algodón.

El monóxido de hidrogeno
se pavonea estático sobre
hojas celosamente
acariciadas a máquina,
veo las letras diluirse
con su pronunciación,
veo las palabras trastocarse
con sus significados,
veo un texto amorfo indescifrable,
olvido los recuerdos
que fueron su génesis.

Se me escapan los hilos de mi historia
entre los dedos.
Se me escapan las hojas
las gotas, y los versos,
se me escapa todo
lo labrado en la insaciable vida.
se me escapa como el chiflón
de las noches sinónimas,
o como la quietud
de las antónimas vísperas.
Me pierdo con un mapa de constelaciones,
porque el cielo encapotado
no deja ver mis estrellas.
Cantan las tutecas ceremoniosamente
y sus gritillos hacen eco con el sereno,
me abraza la esperanza
y me susurra que todo va a estar bien.


Hoy se mojaron
todos mis poemas
¡Que susceptibles que son!
Los veo reposar,
prensados en ganchos de ropa
sobre un tendedero,
es el último intento de salvarlos,
tiemblan de hipotermia,
puedo hacer algo por ellos,
pero creo en ellos.
Aun no los dejare ir
al cielo de los poemas,
a donde van todos los poemas
que ya cumplieron su propósito
en este mundo de recitales,
de poemarios,
dedicatorias

y también de todo en donde no encaja la poesía.

Diego A. Sánchez (2014)

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