Trilogía de la creación del mundo


I.

Luciérnagas que se originan en las chispas desprendidas de hogueras que se consumen


El mundo era nuevo para todos,
el candor era la vida
que surgía de una hoguera
de generación espontánea,
no eran necesarias recetas ni dioses,
y lo único cierto del barro era
que fue la epigenesis de lo sólido.
El mundo era tan blanco, tan limpio y pulcro
a falta del concepto de suciedad,
que lo único alterno y más bello a esta verdad
eran las trece vírgenes
de las copas de las montañas,
coloreando Mandalas,
y escribiéndoles cartas
a los catorce vírgenes
que recostaban sus espaldas
en los valles, tejiendo atrapa-sueños
y masturbándose, leyendo las fantasias
que las epístolas contaban.
y reían, y reían, y reían
de sus picardías y sus pasatiempos,
sus risas se convirtieron
en el canto de las aves y
en el ronronear de los felinos.
un día, una de las vírgenes mientras coloreaba
de rojo, se salió de uno de los bordes,
uno de los vírgenes mientras tejía, pinchó su dedo índice,
este se tiñó de rojo.
esa fue la creación de la frustración.
Y Lloraron, y las gargantas de las bestias se llenaron de gemidos, de gruñidos,
sus garras y sus dientes se afilaron,
sintieron en sus vientres hambre y sed.
El hambre será saciado de sus iguales dijo: Big-Bang,
la sed será saciada de las lágrimas de vuestros vírgenes dijo: panspermia.
En ellos nació el deseo,
la consecuencia era sexual.

II.

Mariposas que beben lágrimas de tortuga


El tiempo es vertiginoso
y cuando muere
desciende en espiral,
despacio,
como caen las lagrimas
por las mejillas de las tortugas.
llego la hora en que el creador
debe matar la historia.
Un disparo de rayos gamma bastaría,
se detendría el acontecer
en un fotograma de mariposas
abriendo o cerrando sus alas.
La última barrera del mundo ha caído,
cayeron los arboles
y callaron los animales,
la fotosíntesis se quedó estancada
en una ráfaga de luz,
la flor que se abría
ofrendo su adolescencia.

Empezaron a cantar,
las gargantas de las nubes
y los árboles frondosos que aún resistían
acompasaron sus entonaciones
en la dirección de la estrella polar,
limpiaban la rabia del mundo
bajo una lluvia de estrellas
y volvían a vestir a gaia
tras una brisa de esperanza,
sinceras apologías
a viejos verbos un día sumergidos
en un rio que ha dejado de correr.
Por eso se abre un camino de miel
un afluente de panales y perfección,
la era de la alquimia ha vuelto a comenzar.
Las aguas del rio convierten caparazones de piedra en oro.

III.

Valle Cleopatra


Cabellos de Cleopatra en el molino,
destilados por las brisas que corren agosto;
llenan en agua color oro
al canalizo que rompe al verde,
y se extienden, y se extienden,
y se extienden como anacondas infinitas,
con la forma trenzada de los genes.


Senos cartesianos guardan dentro de sí fallas geológicas,
aun así son gozosos aposentos mullidos con alimento para ganado.
algo más altos que el horizonte
y circunvalados por aguas insoladas
que al crujir su fisura, se unen, se alzan o se apabullan.
Son lubricados de sur a norte, en la alta marea momentánea.


Los recodos de la silueta,
esplendorosa simetría rosa y plateada,
cagada por el sol en el naranja de la tarde
respira hondo, inmune al portal zanjado que se prepara para dilatarse.
Las instancias oblicuas son el trampolín de juego para conejos, niños,
y pastorees que no han aceptado envejecer.


Los brazos y las piernas lo llenan todo, lo poseen todo,
se contorsionan en azul movimiento,
precipitándose en dunas de átomos,
sobre la polvareda incontable.
El mundo finiquita donde se extienden sus prendas.




Diego A. Sánchez. (2015 - 2016)

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