El tiempo se seca al sol,
es de sabios dejarlo pasar
y de genios dejarlo ser.
Todo es virtud entonces
y los bailes son prorrogas de
alegría,
y las cenas duran recuerdos.
Mucho más que el tiempo
en que los alimentos pueden ingerirse.
Vamos, los perros también mueren
de cáncer
y los científicos crían
cucarachas para estudiarlas,
la verosimilitud es algo que ya
hace mucho dejamos de lado,
¿Acaso es que ha estado con
nosotros?
Creo más bien ha sido otro
pocillo abstracto
del cual tomamos sorbos de
explicaciones.
Lo que sé es que esta tela se
rompió
y todo lo que hacía peso en ella
cayó consigo,
y calló también.
Los ojos de los filósofos de la
ciencia flamean
para ver chocar esas dos galaxias
que son las cosas al caer,
y ver cumplir la tercera ley,
acción y reacción.
La palabra amor,
la palabra muerte,
deberían tener la misma cantidad
de letras.
A esto me refiero,
a la capacidad del mundo de
decirnos en donde estamos
y dejarnos ante la impotencia de
no encontrarnos.
Me encanta ese silogismo:
El que ama es mortal
sócrates ama,
luego, Sócrates es mortal.
Pero por supuesto,
el que no ama,
también lo es.
La barriga no quiere que la llenen de levadura
ni los pulmones respirar tabaco,
pero el ectoplasta que habita en
nosotros sí,
aunque nos lleve directo y en
contravía
de nuestro indecidible final.
Es ideal este grado de evolución
de la conciencia,
esta es mi declaración
de que me siento satisfecho de no
ser inferior
y de mi desinterés por una
especie de superioridad.
A la vuelta de la esquina siempre
nos espera una manotada de realidad,
un cementerio de imágenes
y una canción de ciudad,
también un portal hacia
un mundo paralelo pasado, de fantasmas
y un mundo paralelo futuro, de felicidades.
Finalmente, la verdad es que
tras cada pernoctación nos espera un sueño de pólvora
y una vigilia de luces que encandelillan.
Diego A. Sánchez (2016)
No hay comentarios:
Publicar un comentario